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miércoles, 4 de abril de 2007

El periodista


Eran las tres de la mañana de un martes de junio y en el bar ya no quedaba casi nadie, salvo Andrés y su cuarto whisky.

Después de terminar su carrera de periodismo y de partir a Barcelona con la excusa de estudiar, obviamente financiada por papá, había vuelto a Chile sin lograr encontrar un trabajo decente.

La pega en el diario era miserable. Reporteaba casos policiales menores, y lo publicaban muy de vez en cuando. La verdad, su trabajo, su carrera y su familia le daban lo mismo.

Miraba como el último hielo se derretía para tomarse de una vez el trago e irse a su departamento a un costado del Parque Forestal. Cuando se paró, la piernas le temblaron un poco, pero se equilibró con más facilidad que la noche anterior. No hay como la práctica, se dijo a si mismo, con ese humor negro que lo caracterizaba y que era una de las pocas cosas de las que estaba orgulloso.

Miró hacia la puerta del bar, pero en el camino su vista se topó con ella. Tenía cerca de cuarenta años, pero muy bien llevados. Como siempre el destino lo ayudaba a salvar un día más. Al día siguiente no tenía que trabajar hasta después de mediodía.

Se sentó en la mesa de al lado, dio vuelta la silla y la saludó con seguridad. A estas alturas se sabía el libreto de memoria. Bastaba demostrar seguridad en si mismo, un poco de humor y escucharlas.

Camila estaba separada hace unos meses y todavía respiraba por la herida.

-¿por que no nos tomamos un café en mi departamento?-
propuso Andrés a los pocos minutos.

-Bueno- dijo Camila, con una sensualidad añeja, maqueteada.

Mientras caminaban al departamento de Andrés, Camila se limitó a hablarle de su ex. Andrés ya no la escuchaba.

El conserje miró a Andrés con pícara admiración, ellos entraron rápidamente, como queriendo saltarse las miradas. Una vez adentro, no hubo café. Camila se le fue encima con torpeza, a Andrés no le importó. Ya era tarde para sutilezas.

Cuando Andrés, todavía vestido, terminó de desnudar a Camila ella estalló en lágrimas, tomó su ropa y volvió a vestirse. Trató de irse, pero Andrés la contuvo.
-Soy igual que él-, repetía entre sollozos. Andrés preparó café y cuando volvió de la cocina, Camila se había ido.

Al día siguiente, despertó a las tres de la tarde con el teléfono, era su editor que lo puteaba porque nuevamente no había llegado a la reunión de pauta.

-Métete tu mierda de diario por el culo- le gritó, mientras colgaba el teléfono y seguía durmiendo. Ya vería que hacer después.